Preguntas más frecuentes
Las hemorroides son venas inflamadas en la zona del recto y ano. Pueden ser internas (dentro del recto) o externas (bajo la piel del ano). Son comunes y a menudo se relacionan con esfuerzo al defecar, embarazo o estreñimiento crónico.
Sangrado indoloro al defecar, picazón, molestias anales, hinchazón y, en casos externos, dolor al sentarse o defecar.
Mediante examen físico y, en algunos casos, anoscopia o colonoscopia para evaluar la extensión y descartar otras condiciones.
Cambios en la dieta (más fibra), baños de asiento, cremas tópicas y procedimientos como ligadura con banda elástica o escleroterapia para hemorroides internas.
Cuando los síntomas son severos, recurrentes o no responden a tratamientos conservadores. La hemorroidectomía o la desarterialización hemorroidal (THD) son opciones.
Aunque el sangrado suele ser leve, es importante una evaluación médica para descartar otras causas como pólipos o cáncer colorrectal, especialmente si el sangrado es persistente o hay cambios en el hábito intestinal.
No, las hemorroides no se convierten en cáncer. Sin embargo, sus síntomas pueden ser similares a los de enfermedades más graves, por lo que un diagnóstico preciso es crucial.
El láser de diodo o CO2 permite coagular y reducir el tejido hemorroidal con menor dolor, menos sangrado y una recuperación más rápida comparada con cirugía tradicional.
Es un desgarro o úlcera en la mucosa del canal anal, que causa dolor intenso y sangrado durante o después de la defecación.
Generalmente por el paso de heces duras, estreñimiento, diarrea crónica o trauma local. También pueden asociarse a espasmo del esfínter anal.
Con baños de asiento, cremas anestésicas o relajantes musculares tópicos (como nitroglicerina), aumento de fibra y ablandadores de heces.
Cuando persiste más de 6-8 semanas, con formación de un pliegue cutáneo externo (hemorroide centinela) y fibrosis.
La esfinterotomía lateral interna (división parcial del esfínter interno) es el estándar, pero también se usan técnicas como la avulsión de papila o láser para casos complejos.
El riesgo es bajo cuando la cirugía es realizada por un especialista. La esfinterotomía se hace de forma controlada para minimizar posibles daños al esfínter.
Es un trayecto anormal entre el canal anal y la piel perianal, generalmente secundario a una infección previa (absceso anal) que no sanó correctamente.
Secreción purulenta o sanguinolenta por un orificio cerca del ano, dolor intermitente, hinchazón y enrojecimiento recurrente.
Con examen físico, ecografía endoanal o resonancia magnética pélvica para definir el trayecto y su relación con los esfínteres.
Sí, la curación espontánea es rara. El tratamiento es quirúrgico, con técnicas que buscan eliminar la fístula preservando la continencia.
Dependiendo de la complejidad: fistulotomía (para fístulas bajas), colocación de setón (hilo de drenaje), colgajo de avance rectal, ligadura del trayecto interesfintérico (LIFT) o técnicas con láser.
El éxito varía entre 70-95% según la técnica y complejidad. Las recurrencias pueden darse en casos complejos, por lo que el seguimiento es fundamental.
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Se realiza para la detección temprana de cáncer colorrectal, evaluación de sangrado inexplicado, cambios persistentes en el hábito intestinal, dolor abdominal sin causa clara, así como para la identificación y extirpación de pólipos.
Requiere dieta líquida y laxantes el día previo para limpiar completamente el colon, lo que es clave para una visualización adecuada.
Se realiza bajo sedación consciente, por lo que el paciente no siente dolor y suele tener un recuerdo mínimo del procedimiento.
Son raros: sangrado o perforación (menos del 1%), generalmente asociados a la extirpación de pólipos. La sedación también conlleva riesgos mínimos.
Depende del hallazgo: si es normal, cada 10 años; si hay pólipos, cada 1-5 años según tipo y número. En pacientes de alto riesgo, el intervalo lo determina el especialista.
Defecar menos de tres veces por semana, con heces duras, sensación de evacuación incompleta o necesidad de hacer esfuerzo excesivo durante más de tres meses.
Dieta baja en fibra, ingesta insuficiente de líquidos, sedentarismo, ciertos medicamentos, trastornos hormonales o enfermedades neurológicas.
Aumento de fibra en la dieta, hidratación adecuada, actividad física regular y, si es necesario, uso temporal de laxantes bajo supervisión médica.
Si el estreñimiento persiste a pesar de cambios en el estilo de vida, si hay dolor abdominal intenso, sangrado o pérdida de peso inexplicable.
Colonoscopia, manometría anorrectal, radiografía de tránsito colónico o defecografía para evaluar la función intestinal y descartar obstrucciones.
Sí, como la rehabilitación del suelo pélvico, neuromodulación sacra o, en casos graves, cirugía para corregir anomalías anatómicas.
Es el crecimiento anormal de células en el colon o recto, que puede formar pólipos que, con el tiempo, pueden volverse cancerosos.
Sangrado rectal, cambios persistentes en el hábito intestinal, dolor abdominal, pérdida de peso sin causa y sensación de evacuación incompleta
Con dieta rica en fibra, ejercicio, evitar tabaco y alcohol, y realizar pruebas de cribado como colonoscopia a partir de los 45-50 años.
Personas con antecedentes familiares, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, síndromes hereditarios como Lynch, o estilo de vida sedentario.
Colonoscopia con biopsia, tomografía computarizada, resonancia magnética pélvica (para cáncer rectal) y marcadores tumorales en sangre.
Dependen del estadio e incluyen cirugía (laparoscópica o abierta), quimioterapia, radioterapia (especialmente en recto) y terapias dirigidas o inmunoterapia en casos seleccionados.
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